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sábado, 25 de octubre de 2014

LA GÜESTIA


Dedicado a pawi

Observaba a través de la decadente multitud a su objetivo. No era más que un simple ladrón, vestía ropa por demás andrajosa y maloliente, como casi todos en aquella plaza. Si su olfato no estuviera tan acostumbrado a ello, seguramente vomitaría. Sin embargo, a pesar de haber nacido con un título nobiliario, que de nada le servía, no poseía absolutamente nada más que lo que llevaba puesto, la espada de gran valor, pasada de generación en generación y el relicario de su madre, a todo esto sumándole una pobre vivienda, la cual consistía en una sola habitación.

Imaginaba que en algún tiempo, las tierras que rodeaban a su hogar habían pertenecido a la familia, pero de eso, seguramente hacía ya muchos años, pues según recuerda, su abuelo le contaba historias acerca de los palacetes y enormes jardines que el abuelo de su abuelo le relataba que tenía. Por lo que Yunho sabía, ellos habían sido pobres desde hacía más de cuatro generaciones, solamente el título era lo que habían conservado.

―¡Vaya herencia!― despotricó, escupiendo a sus pies antes de lanzarse a la caza del ladronzuelo por el que le habían pagado.

En cuanto advirtió a su presa acechando a un par de damiselas, vio el momento oportuno de actuar. Se deslizo por entre la gentuza con la habilidad de un gato, sin perder de vista al ladrón, hasta que estuvo detrás de éste.

Si ya antes YunHo pensaba que la ropa de aquel sujeto era mal oliente, nada de eso se comparaba con el olor real que el hombre destilaba, definitivamente aquello era de lo más bajo que había en la sociedad. El hombre lo miró asustado y abrió la boca, dejando ver lo carente de dentadura que estaba, y, los pocos dientes que poseía, de un color negruzco no le durarían mucho más.

El ladronzuelo lo miraba con nerviosismo, primero a él, luego a la izquierda y después a la derecha, con sus pequeños ojos buscando una salida. Sabía el porqué YunHo se encontraba ahí, o bueno al menos lo intuía. YunHo estaba seguro que el hombre tenía muchísimos más crímenes en su haber que dientes caídos en su boca.

Le dio una media sonrisa, un tanto irónica, antes de que el ladrón pusiera sus pies en movimiento, demostrándole de esa manera que por algo no era tan fácil de atrapar. El muy maldito poseía piernas rápidas, su amplio conocimiento de la ubicación de las tiendas de los comerciantes lo hacían escabullirse cual rata. A YunHo le hizo gracia su comentario ya que eso era exactamente, así era como catalogaban a todos los que estaban por debajo de la nobleza, incluyéndolo a él, pues aunque poseía el título, no poseía lo más importante: dinero.

«¡Demonios!»

La rata definitivamente era rápida, se estaba escapando de él. No es que YunHo no fuera rápido, pero la pesada espada no le ayudaba a moverse con mayor fluencia en los estrechos callejones por los que el hombre se había metido.

Cuando su presa ya se creía libre de la persecución pasó lo más inaudito para él. Una zancadilla en su camino lo hizo estrellarse directamente contra el suelo, perdiendo en el camino otro negro diente.

Con la boca manchada de suciedad y sangre, el ladrón miró con furia hacia quien había osado interferir en su huída. Lo único que vio fue a una persona cubierta totalmente de pies a cabeza por una gran capa negra, y en su pecho, brillando se encontraba una cruz de forma extraña. No tuvo tiempo para seguir analizando al personaje, ya que YunHo le alcanzó en ese momento.

Colocando su espada sobre la sucia garganta del sujeto, YunHo lo instó a levantarse. Usualmente lo enviaban a eliminar a la escoria como la que ahora tenía, pero, este no era el caso, le querían vivo. YunHo ni siquiera quería imaginarse el tipo de información que el ladrón pudiera soltar con los incentivos adecuados.

Un frío recorrió su espina dorsal al pensar en eso. Si bien él no se consideraba a sí mismo como un hombre totalmente honesto, ni demasiado piadoso, la crueldad no estaba en él. Sin embargo, había sido testigo de varios actos contra la humanidad que no le deseaba ni a la más miserable rata.

Sacudiendo de su cabeza esos pensamientos, solo le dio una mirada a la figura encapuchada y fue a cobrar las pocas monedas que le había ofrecido por el trabajo.

***

Arrugando el ceño, torció la boca. No habían cumplido con lo prometido, pero no es que esperara que realmente lo hicieran, solo que, realmente sería agradable recibir la cantidad que te ofrecieron originalmente o un poco más, nunca menos, desgraciadamente, eso no pasaba por la cabeza de los “nobles”. Para ellos YunHo solo era un caza-recompensas como cualquier otro, un vil campesino cualquiera queriéndose ganar unas monedas más. Lo que estaba lejos de la realidad, pero, ya nadie recordaba el título ni el apellido Jung por esos lugares, para la gente se habían extinguido, justo como sus tierras.

Sonriendo de mala gana se dirigió a la taberna donde solía pasar el rato, un poco de cerveza y comida de dudosa procedencia le harían bien a su estómago. Si bien no era del todo querido en el lugar, al menos era conocido o temido en el mejor de los caso, por lo que nadie se atrevía a hablar con él, eso le garantizaba una cena tranquila hasta que perdiera casi las tres monedas que le dieron en alcohol.

Sí, esa era una excelente idea.

El lugar como todo en el pueblo era decadente, mugriento y maloliente, incluidos sus comensales. Las mujeres se prostituían por un par de monedas, lo niños hacían recados por una, y personas como él, alquilaban sus habilidades con la espada por unas cuantas más.

Con un tarro de cerveza y un plato lleno de un estofado que realmente dudaba que fuese res, sentado en una de las mesas alejadas del bullicio de la taberna, vigilaba con sus ojos castaños a todo aquel que estuviera en el lugar. YunHo se había hecho de muchos enemigos, por eso le era más simple eliminarlos, de esa manera la amenaza terminaba con ellos. Sin embargo, cuando le pedían que fueran capturados, y si los desgraciados lograban sobrevivir u escapar, tendían a ser un poco rencorosos con él. Eso sin contar a los que claramente se autonombraban ‘la competencia’, esos malditos bastardos eran unos hijos de puta en toda la extensión de la palabra. De ellos en especial, era de quien YunHo se cuidaba.

Recorriendo con la vista de un lado al otro no halló nada extraño en el lugar, decidiendo probar su aún caliente estofado antes de que éste se pusiera seboso. Torció la boca, le desagradaba eso.

Cuando estaba a punto de dar el primer bocado, una figura encapuchada se sentó frente a él. Nadie osaba sentarse a la mesa con él a menos que tuviera un trato o quisiera intimidarlo. Con un solo vistazo lo reconoció como al que estaba sentado en la barra, con otro parpadeo le reconoció como al que puso la zancadilla al ladrón. ¿Acaso venía por la mitad de las ganancias? ¿Creía que le había ayudado y por eso se merecía algunas monedas? YunHo comenzó a gruñir bajo, maquinando las formas de alejar a este sujeto.

Un gruñido diferente lo sacó de su concentración. Dándose cuenta de que el gruñido no había provenido de su garganta y que nada tenía que ver con el aspecto intimidatorio que quería dar, miró al sujeto frente a sí, pero solo podía apreciar el manto negro que le cubría totalmente.  El mismo sonido de gruñido salió de aquel hombre de nuevo.

―L-lo lo siento―. El sujeto habló con una voz suave y ¿dulce? YunHo no podía decidir que calificativo usar para describir el sonido de la voz, solo que era reconfortante, agradable. ―Lo siento― dijo ahora más firme, haciendo eco en los oídos de YunHo. ―No he comido nada desde hace días.

He ahí la razón de los gruñidos. YunHo ladeo la cabeza un poco, no queriendo dejarse envolver por la sedosa voz que provenía de debajo de una capucha, pero era sencillamente imposible. Así que con un hosco movimiento le tendió su plato, después de todo el sujeto le había ayudado de alguna manera a capturar al ladrón, además, el estofado se estaba poniendo seboso.

―Gracias― susurró con alegría el hombre encapuchado. YunHo no supo porqué, pero le agradaba más ese tono feliz y contento.

Con sorbos apurados el sujeto de la capa comenzó a comer del estofado, sin siquiera preguntarse si realmente era res. YunHo pensaba que ciertamente debía tener hambre para comer de manera tan apurada. Bueno, no es que él mismo no hubiera pasado por esa situación. Aquel hombre, que por la voz, YunHo intuía joven, comía demasiado a prisa, como si de verdad fuera un exquisito platillo.

Con un trago de su cerveza siguió observado al muchacho, no veía nada más allá de sus blancas manos, delicadas para tratarse de un chico del lugar, demasiado limpias para ser un simple pueblerino. Su rostro estaba ahora medio oculto por la capa, pero podía apreciar lo rojo de sus regordetes labios.

Mientras sorbía y chupaba la cuchara con el estofado, YunHo imaginó mil y un cosas sobre el uso que podría darle a esa hermosa boca. Una punzada bajo sus pantalones le advertía de sus pensamientos.

YunHo ahora más que nunca desconfiaba del desconocido. Si bien, era joven, parecía bastante inocente para el mundo en el que habitaban, por lo que YunHo no caería en la treta. Seguramente el chiquillo era un estafador o algo así, que los embaucaba con su belleza.

Sus sentidos de alerta se dispararon más al ver entrar a varios hombres, que, por su actitud le referían a militares encubiertos.

Los hombres se quedaron un rato en la puerta mirando a todos los comensales del lugar, poniendo especial atención a YunHo y su invitado. Después tomaron asiento en una parte de la barra cercana a ellos. Ni siquiera trataban de ser discretos a la hora de mirar en su dirección, lo que a YunHo le molestaba enormemente, ya que eso significaba que serían abordados en los próximos minutos.

YunHo miró al muchachillo que daba un suspiro feliz de tener algo en la panza, ajeno a todo el ajetreo que se estaba formando alrededor de ellos.

¿Sería acaso él quien atraía a aquellas visitas indeseadas? «». Su cuerpo entero, su vestimenta y sus suaves movimientos eran indicativos que la persona frente a él no era cualquier muchacho.

Frunció el ceño imaginándose la clase de problema en que se estaba metiendo solo por alimentar a un gato callejero. Miró de nuevo a los desconocidos mientras el muchacho encapuchado suspiraba sobándose la panza antes de colocar los codos sobre la mesa, en una actitud totalmente diferente a la que tenía unos segundos atrás.

YunHo incluso podía sentir la tensión en el ambiente, todos esperando por que el muchacho comenzara a hablar sobre aquello que lo había llevado hasta ese lugar.

—Yo… —comenzó con su suave voz, pero no continuó al notar la dura mirada que su interlocutor le daba a los sujetos en la otra mesa. Discretamente, y ayudado por su capa, miró a los tipos. YunHo ahora estaba seguro que el chiquillo era un montón de problemas, al ver la forma en la que se tensó al reconocer a los tipos con los cuales tenía un duelo de miradas.

El lugar ya no era seguro.

Echando otro vistazo, YunHo supo que era hora de desaparecer de ahí. Las probabilidades no estaban a su favor. Hizo el amago de irse, pero antes de llegar a levantarse, el muchachillo tomó su mano firmemente.

—Por favor —rogó. YunHo no veía sus ojos, ni siquiera la nariz, solo esos abultados labios rosas, pero sabía que el chico dependía de él. Rodó los ojos mentalmente, maldiciéndose así mismo por no poder resistirse a unos labios carnosos.

Hizo un rápido recorrido con los ojos por el lugar, buscando la mejor forma de salir de ahí llevándose consigo al misterioso joven.

No lejos de su mesa, se encontraban dos tipos jugando cartas. Los tarros vacíos en la mesa, eran indicativos de la cantidad de alcohol ingerida. La tensión entre ellos calentaba el ambiente. Solo hacía falta un pequeño empujón para hacer estallar una reyerta.

—Harás todo lo que diga —ordenó YunHo. El chico asintió fervientemente. —Bien. ¿Ves a esos tipos de allá? —señaló con la cabeza a la mesa de los dos jugadores. El chico volvió a asentir. —¿Por qué no vas y le hablas al calvo de arracada, con esa bonita voz tuya? —El chico dudó en levantarse. Era obvio que pensaba que YunHo lo iba a dejar atrás. —Dile que el otro está haciendo trampa, que llevas rato observando su juego y que su contrincante está haciendo trampa.

—Pero eso sería mentira —dijo la dulce voz, como si no entendiera el asunto.

—En realidad no. El tipo de verdad está haciendo trampa. Lleva consigo otra baraja que guarda debajo de la mesa. Así que no, no es mentira. —El chico aún dudaba. —No te dejaré. Cuando veas que los golpes comienzan huye por la puerta trasera. Yo te cubriré para que nuestros amigos de la barra no te sigan. Nos encontraremos unas cuadras adelante.

El chico pareció pensárselo, antes de asentir. Se levantó con un elegante movimiento, su capa aún cubría su rostro y cuerpo, pero YunHo pudo calcular que era delgado y más bajo que él. Lo observó caminar entre las mesas y comensales, hasta llegar con el tipo calvo. Su blanca mano la posó firmemente sobre su hombro, logrando que el otro hombre le gruñera. YunHo hablaría más tarde con él acerca de sus habilidades de seducción.  Cuando el chico se acercó lo suficiente al tipo calvo, YunHo temió que el hombre fuera a golpear al muchacho, pero, aparentemente, incluso con la pésima sensual sutileza, el plan funcionó.

El tipo calvo miró a su rival y de un solo golpe lo derribó estando aún sentado. Lo demás simplemente ocurrió. Las mujeres gritaron asustadas, corriendo lejos de la gresca. Los golpes salían volando en todas direcciones. Botellas, tarros y sillas eran utilizados como armas. YunHo vio cómo la túnica negra se ondeaba hacia la salida, seguida de los sujetos de la barra, quienes, con fuerza, arrollaban todo a su paso con tal de seguir al chico.

Dándole un último trago a su bebida, YunHo se enfrascó en la lucha. No quería demorar demasiado, además corría el riesgo de que uno de los sujetos capturara al muchachillo. Así que, optó por la solución más viable. Tomó uno de los bancos y lo estrelló sobre la espalda de cada uno. A pesar de ser sujetos grandes, YunHo golpeó contundentemente para dejarlos noqueados un buen lapso.

Sin perder más tiempo, YunHo salió de aquel lugar. Los sonidos de cristales rompiéndose o gritos de guerra fueron dejados atrás.

Cuadras más adelante, el muchacho misterioso lo esperaba, escondido en una esquina. Cualquiera pensaría que alguien cubierto de pies a cabeza por una negra capa sería sospechoso, pero no en aquel lugar. Las personas usaban las capas como indumentaria habitual. Claro, del chico no se veía nada, pero bien la gente podría pensar que se trataba de algún noble escapando de su guardia o un viajero.

—Vamos —dijo sin detenerse cuando llegó con él. Por los suaves movimientos de la capa haciendo fru-fru al caminar, YunHo sabía que el chico lo seguía.

***

—¿Y bien? ¿Por qué no me muestras tu rostro? —YunHo exigió.

Estaba acostumbrado a tratar con personas que escondían su cara cuando lo llamaban para algún trabajo, pero había un algo dentro de él que picaba por ver las facciones de la dulce voz. Se acercó a él con la intención de arrebatar el manto que cubría al chico, pero, cuando su mano tomó la pieza, se detuvo. El muchacho temblaba cual hoja al viento, generando en YunHo remordimiento por hacer que el chico temiera.
YunHo bufó y se alejó. —¿Por qué estás aquí? —preguntó. No se refería al cuchitril que tenía por hogar, porque él mismo había guiado al chico hasta allí. No, YunHo quería saber sus motivos.

El muchacho guardó silencio. YunHo comenzaba a hartarse cuando habló. —Me ha enviado NamJoo.

—¿NamJoo? —YunHo recordaba a la mujer. Una amable mujer que solía cuidar de YunHo cuando los padres de YunHo murieron. NamJoo era buena, pero también bonita y pobre, una mala combinación en el mundo en el que vivían. NamJoo fue “reclutada” para servir a una noble casa y su amo. YunHo sabía que de noble solo tenían el título. De eso hace ya más de quince años. No volvió a saber de ella, hasta ahora. —¿Ella está bien? —preguntó con esperanza. NamJoo debía rondar ahora cerca de los 35 años, su belleza no debía ser la misma que antaño, pero esperaba, no rogaba porque la mujer no hubiese tenido el destino que muchas, en su condición, tienen.

—Ahum… ella está viva —respondió el chico. La respuesta le dijo todo a YunHo. NamJoo seguramente había terminado en un prostíbulo, vendiendo su cuerpo por pocas monedas que ni siquiera se quedaría; sufriendo abusos y golpes, viviendo en la decadencia de ese lugar, hasta que su ser se consumiera. YunHo apretó el puño con fuerza. NamJoo era una buena persona, no merecía ese maldito destino. —Ella… ella me envió a buscarte. Dijo que me ayudarías. Dijo que eres un noble. Dijo que…

—NamJoo pudo haber dicho muchas cosas —cortó secamente YunHo.

—Pero… pero ella…

—Sí, tengo un título de la nobleza que no me sirve para nada. Ni siquiera me da de comer. ¿Acaso no estás viendo el marchito lugar en el que te encuentras? ¿Crees que así es como vive la nobleza? —YunHo comenzaba a exaltarse, pasó una mano por su rostro. —No veo cómo te puedo ayudar.

—NamJoo dijo que eras un caza-recompensas —susurró el muchacho. YunHo frunció el ceño. —No hay muchas cosas que no se sepan en ese lugar.

—Bien, sacó la basura por un par de monedas. —El chico no necesitaba de su influencia como noble, necesitaba de sus habilidades como cazador. Con un gesto lo invitó a que continuara hablando, al parecer estaba aquí por negocios.

—Necesito ir hasta el Templo de Beomeosa.

—Esos son unos diez días desde aquí —calculó YunHo. Quizá más, los caminos no eran seguros, por lo que se desviarían varias veces para continuar. El chico solo asintió. Sus blancas y suaves manos se retorcían entre ellas. No era una buena señal. YunHo recordó que el chico llevaba varios días sin comer, seguramente desde que escapó hasta que encontró a YunHo. YunHo entrecerró los ojos. —¿Tienes dinero?

—Ah… —el chico negó con la cabeza.

¡Ni hablar! Si el muchacho no tenía dinero para pagar por sus servicios, YunHo no se arriesgaría a nada. —Lo siento chico, sin dinero no hay trato —dijo dándose media vuelta.

—Por favor —imploró. Había tomado su brazo antes de que YunHo se marchara. —Puedo pagarte de otra manera.

Eso llamó la atención de YunHo, quien con curiosidad, regresó su mirada al chico. Las blancas manos fueron hasta el broche que cerraba la túnica. De manera lenta y sensual, la tela comenzó a descubrir al muchacho escondido dentro de ella. YunHo creyó que sus ojos habían visto a un verdadero ángel.

El joven frente a él era la hermosura encarnada. Cabellos rubios caían sobre la piel nívea que envolvía al ángel. Sus ojos negros eran grandes y expresivos, su nariz pequeña y sus labios, ¡dioses, esos labios! Eran color rojo cereza, regordetes y totalmente besables.

YunHo sintió, de nuevo, que su sangre se aglomeraba en su parte inferior, cuando el muchacho mordió su labio, poniéndolo más rojo de lo que ya era. Se quedaron mirándose el uno al otro, hasta que el chico desvió la mirada sonrojado.

—Entonces, ¿me llevarás?

El alma de YunHo volvió a su cuerpo, sus neuronas comenzaron a funcionar después de quedarse deslumbradas. ¿Lo llevaría hasta el otro lado del país solo por ser bonito? No, definitivamente no.

—¿Qué sabes hacer? —preguntó YunHo. En realidad no quería saber la respuesta del bonito ángel, de hecho, comenzaba a sentir celos de todo aquel que lo hubiera tocado. Pero, viniendo de donde venía, seguramente su experiencia sería mucho, ya fuera que lo hubiese querido o no.

Para su consternación el chico se sonrojó hasta las orejas. Mordió su labio de nuevo y empezó a desabotonar su camisa con movimientos nerviosos. YunHo rió con gana cuando el chico no pudo pasar del tercer botón sin que los dedos se le enredaran.

—¿Qué es lo que hacías en ese lugar, sí ni siquiera eres capaz de seducir?

El chico mordió su labio, visiblemente apenado. YunHo supo entonces que ese tic lo mataría. El muchacho seguramente sería inconsciente de cuan sensual era ese simple movimiento.

—Hagamos algo —le dijo. Su mente estaba nublándose con lujuria. Mentiría si dijera que era un caballero que respetaría a la belleza que se le ofrecía, pero no, YunHo empezaba a maquilar lo que esos regordetes labios podían hacer. —Primero muéstrame algo de tu valor. Si me complace, te llevaré a donde tú quieras.

Si bien, YunHo no era un caballero, tampoco era un bastardo que obligaría al dulce ángel a hacer cosas que no quería. Ahí estaba, le había dado la opción de negarse. Sorprendentemente, el ángel se acercó con paso lento y dubitativo. Lo miró a los ojos y se arrodilló ante él, quedando a su merced.

La lujuria en YunHo subió al tope. En su vida había tenido mucho sexo, sexo sucio y rápido, pero jamás había visto tal acto de sumisión por parte de un ángel. YunHo nunca había estado con un ángel.

Las temblorosas manos del ángel comenzaron a desabotonar sus pantalones, pero sus movimientos era demasiado torpes, tanto que desesperaban a YunHo. Su duro miembro rogaba por ser liberado, por adentrarse en esa boquita cereza y follarla hasta vaciarse en ella.

Con un manotazo, YunHo ahuyentó las torpes manos, para liberar él mismo su eje. Los ojos del ángel se abrieron como platos, YunHo se hubiera reído de la cómica expresión del chico si no estuviera tan necesitado de liberarse. Tomó su miembro por la base, lo acarició un poco y después lo colocó frente a la boquita cereza. Aún ahora estaba a tiempo de retirarse y YunHo no le diría nada.

El ángel miró a YunHo y después a la enorme cabeza que esperaba por entrar en su cavidad bucal. Tímidamente abrió la boca. El miembro entró lento, pero ni siquiera había llegado a tragar la mitad cuando las arcadas comenzaron.

YunHo sonrió. Él chico era tan inocente como se veía. Lo entrenaría bien. —Respira y relaja la garganta. No te ahogaré —le dijo, mientras le acariciaba la mejilla de durazno con su otra mano, la que no estaba sosteniendo su eje.

El chico ángel asintió e hizo lo que YunHo dijo. YunHo fue introduciendo su miembro despacio en la húmeda boca. Esta ocasión, el ángel consiguió meter un poco más de la mitad de su carne. YunHo no pidió más. No había muchos que pudieran tragarlo por completo, y menos si era un principiante.

Con suavidad tomó la rubia cabeza, comenzando a moverse. El calor y la humedad amenazaban con exprimirlo antes de tiempo. YunHo respiró, deseaba disfrutar más de esa sensación, por lo que se contuvo de vaciar su semen.

Cuando al ángel dejó de tener arcadas y parecía dominar el vaivén de los movimientos de YunHo, era hora de pasar al siguiente paso. YunHo se detuvo. —Lámelo. Primero la cabeza, succiona un poco y pasa tu lengua en círculos alrededor de ella.

Los grandes ojos negros del ángel lo miraron. Después, comenzó a hacer lo que YunHo decía. La rosada lengua salió de los rojos labios, lamió su eje de arriba abajo, para después centrarse en la cabeza y la ranura que ella tenía. Succionó un poco y algo de líquido pre-seminal salió. Eso pareció sorprender al ángel, que saboreó un poco antes de repetir la acción.

YunHo tenía los ojos en blanco por el placer. El ángel aprendía rápido. Su miembro entraba y salía de la húmeda boquita cereza, la lengua rosa hacía movimientos circulares intercalados con las succiones.

Al final, con una succión más fuerte, YunHo se dejó venir con fuerza. Un sonoro gemido escapó de su garganta mientras llenaba con su descendencia la boquita del ángel. El ángel se apresuró a tragar el líquido expulsado, pero era tanto, que mucho se escurrió por su boca.

Cuando el ángel levantó la mirada, YunHo supo que así era como debía ser la viva imagen de la lujuria. El chico tenía las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y rojos, un hilo de semen escurría de ellos, su lengua se paseaba por sus labios tratando de recogerlo. Pero sus ojos, ¡dioses, sus ojos! Se habían oscurecido por el lívido. YunHo sonrió. No solo él había disfrutado.

—Has ganado ángel. Te llevaré a donde tú quieras.

***

Habían salido muy de madrugada. El sol ni siquiera apuntaba al alba. Viajaban ligero, solo un par de mantas y poca comida, que, no les duraría más de dos días. Se abastecerían en la siguiente aldea.

YunHo sabía que la probabilidad de que los estuvieran siguiendo era mucha. Por eso había escogido especialmente esta hora del día. No llevaban luces que alumbraran su camino, solo un largo palo que al ángel le fungía como bastón, y YunHo llevaba su buena amiga espada.

Se detenían cada pocos minutos, escuchando atentamente los sonidos que el viento traía. Debían ser precavidos. No querían alertar a los fornidos hombres que buscaban al hermoso ángel.

YunHo miró hacia atrás, el muchacho había vuelto a cubrirse de pies a cabeza, y YunHo lo prefería así. Le producía gran satisfacción saber que solo él conocía los secretos debajo de esa negra capa. Vagamente se preguntó por los problemas del ángel, pero él no era de los que se involucraban demasiado en un trabajo, así que no preguntó.

Cuando el sol había salido, ellos se encontraban más allá de los linderos de la ciudad. Caminarían por los senderos del bosque en lugar de ir por el camino principal. Sí, bordarían la siguiente ciudad, pero ese pequeño camino los llevaría a una aldea a dos días de allí. Era su mejor opción por ahora.

Se detuvieron solo el tiempo suficiente para descansar y probar un poco de alimento. Debían alejarse lo más rápido de su ciudad de origen. Aunque este camino fuese el menos transitado, y seguramente por el que no los buscarían, eso no dejaba que, si les perseguían a caballo, los encontrasen más rápido.

YunHo se sintió un poco más tranquilo al caer la noche. Alejándose prudentemente del sendero, hicieron una fogata, para pasar el frió de la noche.

El ángel no hablaba mucho, solo caminaba detrás de él. YunHo comenzaba a sentir curiosidad por su acompañante.

—¿Sabes que hay historias a cerca de estos bosques? —el ángel le preguntó.

YunHo había escuchado muchas cosas, algunas historias demasiado rocambolescas como para ser verdad, otras bastante macabras como para querer repetirlas. —No creo en rumores.

—El bosque me habla —dijo mirando hacia las copas de los árboles. Su bonito rostro quedaba al descubierto, iluminado por la luz de la hoguera. —Los árboles me susurran cosas, cosas que pasaron, cosas que son y cosas que serán.

Comenzaba a creer que su bonito ángel tenía problemas mentales si creía que los árboles le hablaban. —¿Por qué no vienes aquí y dejas que le susurremos otro tipo de cosas a los árboles?

El chico lo miró. YunHo pensó que se negaría, sin embargo, fue hasta donde él. Se arrodilló entre sus piernas y aguardó por una orden.

Complacido YunHo bajó su capucha, no quería llenarla de fluidos. Le soltó el amarre y dejó que resbalara por el delgado cuerpo. Con suavidad, mucha más de la que siempre tuvo cuando trataba a un amante, tomó su mejilla. El ángel se recargó un poco en su toque. YunHo sintió algo removerse dentro de sí. La suavidad de las mejillas de durazno del ángel contra lo áspero y callosas de sus manos.

El ángel pronto comenzó con su labor. Sus movimientos aún eran torpes, pero al menos no tenía arcadas. El bosque comenzó a llenarse de susurros, no, gemidos ahogados procedentes de la garganta de YunHo.

Cuando YunHo se hubo saciado, arropó al bonito muchacho, que aún seguida de rodillas entre sus piernas. Se aseguró que la túnica lo cubriera completamente, y después, para asombro del propio YunHo, lo envolvió en un abrazo. Ahí, el ángel durmió, entre sus brazos.

***

En el trascurso del día, YunHo notó que el ángel no hablaba, solo lo seguía. No lo presionó por iniciar una conversación, después de todo, ¿quién era él para hacerlo? YunHo mismo sabía de su huraño carácter, así que dejó al ángel ser.

Llegaron al poblado sin problemas. Compraron lo que necesitaban hasta el siguiente pueblo, y salieron sin tratar de parecer sospechosos. Aunque, en días como estos, todo el mundo parecía ser sospechoso.

Cuando la noche del tercer día cayó. El ángel, que ahora descansaba sobre el pecho de YunHo, luego de haber cumplido su función, le habló. —YunHo —su nombre se escuchaba tan bien cuando era pronunciado por el ángel. —YunHo, ¿por qué me siento así cuando estoy entre tus brazos?

—¿Así, cómo?

—Mi corazón pareciera querer salir de mi pecho y, mi cuerpo se siente caliente —lo último fue más un susurro, si YunHo no hubiera estado lo suficientemente cerca, no habría escuchado.

YunHo sonrió con satisfacción. Ya había pensado que al ángel no le desagradaba su forma de pago, pero el saber que causaba revuelo dentro de él, hacía a YunHo sentirse grande.

Con cuidado fue palpando el cuerpo del ángel hasta llegar a su entrepierna. YunHo volvió a excitarse cuando tocó el semiduro eje. Sin pensárselo mucho, introdujo su mano dentro de los pantalones del chico, quien solo dio un respingo cuando YunHo lo tomó entre sus dedos.

Deliciosos sonidos salieron del ángel. YunHo deseaba escuchar más de eso, por lo que movió su mano más rápido. El ángel apresuró a cubrir su boca con sus manos. YunHo se detuvo. —No, déjame escucharte.

YunHo estaba tan duro que podría perforar el costado del chico.  Se incorporó, sentándose bien, atrajo al acalorado ángel de nuevo al espacio entre sus piernas, solo que ahora lo sentó sobre él, con su pecho recargado a la espalda del ángel.  Se deshizo de la molesta capa y reinició su labor.

Sin nada que cubriera las facciones del ángel, YunHo veía la cara de placer que el chico sentía cuando YunHo lo tocaba. Mientras su mano derecha trabajaba sobre el miembro del ángel, su mano izquierda se adentraba dentro de su camisa, sintiendo la suave y blanda piel de su estómago. Siguió subiendo, palpando su pecho plano hasta encontrar sus tetillas, a las que pellizcó, logrando que el ángel emitiera un gritito.

Eso era todo. YunHo necesitaba más. Y, a juzgar por la cara del ángel, también lo necesitaba. YunHo bajó los pantalones del chico hasta medio muslo. Sus piernas eran blancas, suaves y totalmente lampiñas. YunHo deseaba morderlas, dejar su marca en esa bonita piel. Como pudo, desabrochó sus propios pantalones, liberando su eje.

Su pene brincó en acuerdo cuando la piel suave del ángel hizo contacto con él. ¡Oh, dioses! YunHo deseaba tanto enterrarse en ese cuerpo, pero sabía que no era el lugar, ni el momento. El ángel necesitaba más que barro y musgo para su primera vez.

YunHo se conformó con sobarse entre las nalgas del ángel, al tiempo que lo acariciaba, disfrutando de los bellos sonidos que llenaban el aire. Pronto, el mismo ángel era quien se restregaba contra YunHo. Su preciosa entrada, cerrada a la insistente cabeza de YunHo, quien se controlaba para no hundirse en ella.

—Nhh… ¡YunHo!

Cuando el ángel gritó su liberación, bañando la mano de YunHo con su semen, YunHo encontró su propia liberación al ver las reacciones del ángel. Su semilla estrellándose en la entrada y nalgas del chico.

YunHo, con un pañuelo, limpió al joven. Lo vistió y colocó su capa de nuevo. No quería que nadie más que él lo viera. Puso un leño en la hoguera y atrajo al chico a su pecho. Los delgados brazos rodearon su cintura, y el corazón de YunHo saltó en su pecho.

—YunHo —lo llamó.

—Ángel —le respondió YunHo.

—No, ángel no. JaeJoong. Mi nombre es JaeJoong —susurró el ángel.

—JaeJoong —lo nombró. Y JaeJoong sonrió en su pecho.

***

YunHo miraba el camino. Giraba la cabeza de un lado al otro. Este era un tramo que debían circular por el camino principal. No se atrevería a llevar a JaeJoong por caminos secundarios, al menos no en esta zona. El lugar era conocido por ser un nido de ratas. Bandidos y mercenarios pululaban por las vías. YunHo era fuerte, un excelente guerrero, pero no era un estúpido al pensar que podría contra toda una banda.

Tomó la mano de JaeJoong y la apretó fuertemente. —Es posible que nos encuentren en este sitio. Debemos movernos rápido. Si tus captores no dan con nosotros, aún hay muchos otros en esta zona de los que debemos cuidarnos. No te separes de mí.

JaeJoong asintió, entrelazó los dedos con los de YunHo.

Caminaron rápidamente. La capa de ambos se ondeaba con su paso. Varios campesinos caminaban en la misma dirección que ellos. Pero ni YunHo ni JaeJoong se preocupaban por los que a pie iban. Los que llevaban caballo, eso era otra cosa.

Al llegar a las puertas de la ciudad, YunHo decidió que era lo mejor pasar ahí la noche. Acampar en las cercanías era una clara señal de suicidio.

La ciudad apestaba. Orines, heces, mugre y miles de otras cosas inundaban el aire. Vendedores malolientes les cerraban el paso. Prostitutas de dentadura negruzca le sonreían. YunHo sentía los nervios de JaeJoong a cada que alguna persona se les acercaba demasiado. JaeJoong apretaba fuertemente su mano, y YunHo devolvía el apretón.

Arrendaron un cuarto barato en un pub en el centro de la ciudad. No era lo mejor, pero al menos no había ratas. Tomaron los alimentos que el pub ofrecía. Sopa de guisantes y algo más vaca que cordero. Aún así, era de lo mejor que habían probado en días.

YunHo miraba por la ventana. JaeJoong estaba sentado en la ajada cama.

—¿Crees que aún nos siguen? —preguntó con su suave voz JaeJoong.

YunHo lo miró. —Sí. No están lejos —respondió. No quería ilusionar al ángel diciéndole mentiras, pero, tampoco le dijo toda la verdad. YunHo había visto a sus perseguidores en la ciudad, justo antes de entremezclarse por el mercado, donde más gente caminaba. Sabía que no los habían visto, pero eso no por eso se iba a descuidar. JaeJoong asintió. —Sé que no es de mi incumbencia, pero ¿Por qué te buscan, JaeJoong?

JaeJoong miró hacia otro lado. Había dejado su túnica en una silla junto a la de YunHo. Por un momento dudó en contestar. YunHo imaginaba que era por lo hermoso que JaeJoong era, pero no imaginaba la real respuesta.

—¿Recuerdas que te dije que escuchaba el susurro de los árboles? —YunHo asintió. Lo recordaba, pero también pensaba que JaeJoong tenía problemas auditivos. —Yo, YunHo, nací con un don… o maldición. —JaeJoong jugó un poco con la extraña cruz en su pecho. YunHo había olvidado por completo aquel adorno, pero decidió que preguntaría después.

—¿Qué clase de don? —JaeJoong lo miró. Esta vez, YunHo pudo ver la renuencia en sus ojos. —Solo deseo saber que podemos enfrentar en un futuro.

JaeJoong suspiró. —Yo… yo puedo ver cosas que las personas no ven. —Eso no le decía mucho a YunHo. Muchas personas ven pero no observan. —YunHo, puedo ver y escuchar a los espíritus.

YunHo frunció el ceño. JaeJoong le estaba jugando una broma, aún cuando él verdaderamente se preocupaba por el chico. —Bien, si no quieres decirme, no tenías porque inventar tremenda historia.

—No, YunHo. No entiendes —dijo con desesperación JaeJoong. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas al saberse no creído. —Desde que nací, siempre fui diferente a los demás chicos. Podía ver a personas que no debían estar ahí. Escuchaba susurros que nadie decía. Incluso puedo ver los colores del alma. Tus colores son cálidos, YunHo —JaeJoong le sonrió. YunHo guardo silencio. —Soy huérfano YunHo, fui criado en el templo por monjes. Ellos sabían que era diferente a los otros niños, por eso me apartaron de todo el mundo. Solía platicar con los espíritus que habitaban el bosque. Incluso con alguno que otro monje que ahí había residido. Pero… pero todo cambió un día…

»Recuerdo que los últimos rayos del sol comenzaban a ocultar todo en las sombras. Corría de regreso al templo, los espíritus del bosque habían huido, y yo no sabía por qué. Jamás había sentido miedo de estar de noche en el bosque, jamás hasta ese día.

»Algo se movía. Corrí más rápido. Miraba hacia atrás de vez en cuando. A lo lejos, vi una luz. No la luz procedente de la luna. No, era una luz ambarina, como la de una vela. Cuando llegue al templo, me escondí detrás de una de las estatuas. Desde allí pude observar todo.

JaeJoong se perdió unos momentos en sus recuerdos. YunHo aún miraba por la ventana, pero estaba atento a cada palabra que JaeJoong dijera.

—Un hombre con una vela iba al frente de una multitud con sudarios blancos. El hombre parecía tener una expresión que iba del horror al cansancio extremo. No podría explicarlo bien. Uno de los mojes salió a recibir al viajero. El monje parecía solo verlo a él. Quise gritar que el viajero no iba solo. Pero el hombre solo le dio la cerilla al monje y cayó desmayado. Muerto debería decir. Su alma salió de su cuerpo y se unió a la multitud. Llevaba en sus manos una luz igual a la que portaba en vida.

»El monje lo miró con horror, luego a la luz y después a mí. Me dijo: “corre, JaeJoong”. Y eso hice. No logré ir muy lejos cuando la multitud encapuchada me rodeó. Intentaron darme una cerilla igual a la que ellos traían, sin embargo, uno de ellos dijo que yo ya tenía una luz. En mi pecho resplandecía esto —JaeJoong tomó la extraña cruz, mostrándosela a YunHo. —No volvimos a saber de aquel monje. Algunos que aceptaron la llama que los encapuchados ofrecieron, murieron poco tiempo después.

»Fui cuestionado por los sucesos poco después, les expliqué a los mojes todo lo que había visto. Con sus caras lívidas por el miedo, me explicaron que, cuando yo llegué al templo, un viajero con el mismo rostro impregnado de terror y cansancio, me traía en brazos junto a una cerilla encendida y esta extraña cruz. Dijeron que el monje que habló con él no murió, porque en lugar de aceptar la llama, me aceptó a mí. Nadie sabe exactamente sobre mi nacimiento, pero los monjes opinan que aquel hombre era mi padre.

»Creen que mi familia acampaba cuando la peregrinación pasó por ahí. Creen que mi padre logró salvarme, y por eso veo cosas que los demás no. En pocas palabras YunHo, soy capaz de ver a la muerte. —JaeJoong dijo aquello como una sentencia. YunHo ya no miraba más por la ventana. Veía al hermoso ángel, cuyos ojos estaban maldecidos.

—¿Cómo fue que llegaste hasta el otro lado del país?

JaeJoong lo miró. En sus grandes ojos negros veía dolor y angustia. —No hace mucho, atacaron al templo. Incendiaron gran parte de las habitaciones. Se llevaron las ofrendas y esculturas de oro. Y, me capturaron. Sé que algunos monjes sobrevivieron, lo sé porque los espíritus del bosque me lo dijeron antes de abandonar por completo mi tierra natal.

»Iba a ser vendido como esclavo, pero el líder de esa banda se enteró de mi inusual habilidad. En esa ocasión, ya no era la segunda vez que veía a la comitiva de figuras con sudarios blancos y  velas en sus manos. La persona viva que guiaba a la compaña ya no era el monje, era una mujer. Cuando la vi aparecer, señalé la cruz en mi pecho, ella me siguió de largo, hasta ir con otro sujeto que aceptó la luz. Lo demás ya sabes. El líder decidió conservarme, evitó a la muerte varias veces. Pero, al final, esta siempre te alcanza…

»Un noble, deseoso de también evadir a la muerte, robó y asesinó al líder de esa banda. Me llevó con él a sus tierras, pero… pero… —JaeJoong tragó duro. YunHo sintió un peso en el estómago por lo que a continuación su ángel revelaría. —El tipo es vicioso, lascivo, cruel y despiadado. No pasó mucho tiempo para que quisiera algo más que mis ojos. —JaeJoong miró a YunHo, y YunHo supo que lo protegería sin importar qué. —YunHo, ese tipo me tocaba, y no es como cuando tú me tocas que mi corazón late. Cuando él ponía su mano sobre mi hombro, me sentía sucio.

—JaeJoong, él, ¿te llegó a tocar de la forma en la que yo lo hago? —Si la respuesta era afirmativa, YunHo desgarraría la garganta de aquel noble.

—No, YunHo. Él solo pasaba sus manos por mis brazos. Nunca me tocó como tú lo haces —se sonrojó.

YunHo se acercó. —¿Y te gusta que lo haga? —le preguntó en un ronco susurro.

Sintió a JaeJoong temblar, pero no por miedo, YunHo podía ver la lujuria en sus ojos. —Sí, YunHo. Me gusta cuando me tocas.

YunHo estaba tan cerca del rostro de JaeJoong que si solo bajara unos centímetros, sus bocas se conectarían.  Y así lo hizo. Acortó la distancia entre sus labios. Besó a JaeJoong por primera vez, sintiendo el roce de sus regordetes labios sobre los suyos, su sabor inundó sus sentidos, y YunHo, YunHo se supo adicto a JaeJoong.

YunHo quería profundizar el beso, quería explorar esa boca, quería que sus lenguas se enredaran en una danza. Sin embargo, al separarse abrazó a JaeJoong, ahora que había comenzado su historia era mejor dejarlo terminar.

—¿NamJoo?

—Ella servía en la casa de ese Señor. Él es dueño de varios prostíbulos en la ciudad. NamJoo solía ir a ese lugar a ver a las demás chicas. Por eso ella sabía de ti. Cuando las cosas se pusieron feas, me ayudó a escapar. Me dijo que te buscara —JaeJoong le sonrió.

Una parte de YunHo estaba agradecido de que NamJoo no hubiese terminado en un prostíbulo, pero, si se enteraban de que ayudó a escapar a JaeJoong, seguramente su destino sería más cruel que ir a parar a un prostíbulo.

Sus pensamientos se esfumaron cuando sintió a JaeJoong tensarse. El chico miraba por la ventana. Estaban en la planta alta, así que realmente no podría ver a alguien ¿o lo hacía?

—JaeJoong ¿Qué…

—Ellos están cerca. Caminando por la calle. Van cantando cosas que no entiendo.

—¿Vienen hacia acá? —preguntó preocupado YunHo.

—No. Solo van de paso. No los veo, pero puedo escuchar sus cánticos. —JaeJoong que aun seguía en los brazos de YunHo se acurrucó. Después de un tiempo, dijo: —Se han ido.

Aquella noche durmieron abrazados en la ajada cama. YunHo con todo lo que ahora sabía de JaeJoong, más decidido que nunca a protegerlo.

***

YunHo sintió suaves besos sobre su mandíbula, repartidos por todo su cuello. Unas delicadas manos tocaban su pecho, tratando de adentrarse por su ropa.  YunHo apretó al suave cuerpo. Olía exquisito. Llevo su nariz olisqueando sus cabellos. La suave risa lo hizo sonreír a él también.

La luz del sol se colaba por la ventana. Serían más de las diez de la mañana. ¡Diez de la mañana! YunHo abrió los ojos de golpe. Lo primero que vio fue un despeinado JaeJoong. Su ángel era hermoso a todas horas.

—¿Por qué no me has despertado antes? —inquirió. JaeJoong se encogió de hombros. YunHo se sentó en la cama y sacudió sus cabellos. Tenía pensado irse lo más temprano de la ciudad, así estarían lo suficientemente lejos al caer la noche. Evidentemente, esos planes se fueron a la basura.

—YunHo, yo… —JaeJoong se sonrojó. YunHo solo lo miró con curiosidad, pero cuando JaeJoong comenzó a restregar su erección contra su pierna, YunHo supo qué era lo que quería ángel.

De un movimiento, YunHo se colocó sobre JaeJoong, haciéndose un espacio entre sus piernas. Le regaló una media sonrisa cuando JaeJoong le sonrió de forma coqueta. Comenzó besando sus labios, esos rojos labios que lo hipnotizaron desde que los vio debajo de aquella túnica. Se llenó con su sabor. Pasó su lengua por ellos, pidiendo permiso para entrar. Sus lenguas entrelazándose, bailando una con la otra. JaeJoong gimió. YunHo pasó sus ásperas manos por la suave piel del estómago de JaeJoong. Lo sintió vibrar ante su tacto. La ropa fue desprendida. Tenían tiempo de sobra, ahora que no podían marcharse.

YunHo miró a su desnudo ángel. Sí, realmente era uno. JaeJoong era más que hermoso. Besó cada parte de su blanca piel. Adoró el cuerpo de JaeJoong como el ángel que era. JaeJoong gemía y se retorcía bajo él.

Con su boca, hizo lo que JaeJoong siempre le había hecho, tragó de un jalón la erección de JaeJoong. Él solo gritó de placer al sentirse apresado en la húmeda cavidad. Sin que su ángel lo notara, YunHo introdujo un dígito en su virgen entrada. JaeJoong se quejó por la intromisión. YunHo succionó más fuerte y el semen de JaeJoong llenó su boca.

YunHo utilizó ese mismo viscoso líquido para lubricar el botón rosa de JaeJoong. Mordió uno de sus muslos, besó los testículos y el miembro de JaeJoong volvía a la vida nuevamente. YunHo tenía ya tres dedos dentro del ano de su ángel, pero aún no encontraba ese lugar que lo haría ver estrellas.

—¡Ahhh! —JaeJoong se sacudió. YunHo sonrió.

Con su mano tomo su propio pene y lo cubrió con la semilla que no había utilizado en JaeJoong, mezclándola con su pre-semen. Al no sentirse lo suficientemente lubricado, YunHo escupió sobre su miembro. Usualmente le importaba un comino no estar lubricado, suficiente hacía con preparar a su amante. Pero JaeJoong no era cualquier amante, JaeJoong era especial. Y ésta era su primera vez, debía ser mágica.

YunHo miró a los ojos a JaeJoong. JaeJoong se mordía su labio inferior, asintió con la cabeza. YunHo se inclinó, besó sus labios mientras su roma cabeza se abría paso dentro del cuerpo de JaeJoong.

—Shhh. Relájate, mi amor. Déjame entrar —pidió YunHo.

Le tomó a JaeJoong varias respiraciones para relajar su cuerpo. YunHo fue paciente, deteniéndose cada que JaeJoong se quejaba. Por mucho que su cuerpo luchaba para meterse de un solo golpe, YunHo se contuvo.

Después de lo que pareció una eternidad, YunHo estaba hundido hasta la empuñadura. Aguardó un momento más, hasta que, con un movimiento de su cadera, JaeJoong le indicó que prosiguiera.

YunHo comenzó con un lento vaivén. Miraba a los ojos de su hermoso ángel, viéndolos cambiar de malestar a lujuria pura. Besos desenfrenados desataron la pasión.

—¡Nhhh! —JaeJoong gimió más fuerte. YunHo supo que había encontrado el punto dulce de su ángel. Empujó, una y otra vez, sintiendo como su miembro era apretado por las paredes de JaeJoong.

Aún con todas sus experiencias sexuales, YunHo jamás se sintió como ahora. Podría llamar a esto la misma gloria.

Más pronto de lo que él hubiese querido, su cuerpo estaba llegando al clímax. Tomó el eje de JaeJoong, tirando conforme a sus propios movimientos. Uno, dos, tres jalones ya fue todo.

—¡YunHo! —gritó JaeJoong cuando su esperma salió en cordones blancos, empapando la mano de YunHo y sus pechos.

YunHo gimió fuertemente. Su cuerpo se contrajo desde el punto en que se unía a JaeJoong y su semen llenó con fuerza el pequeño agujerito de su ángel. —JaeJoong —dijo su nombre en un susurro cuando sus ojos vieron destellos.

Cayó sobre el cuerpo de JaeJoong. Ambos exhaustos. Ambos satisfechos. Y así, el sueño los envolvió.

***

YunHo despertó horas más tarde. Su ángel descansaba sobre la mitad de su cuerpo. YunHo sonrió. Sonrió verdaderamente como en mucho tiempo no lo había hecho; no desde que su abuelo contaba historias de su abuelo. Besó los labios de su dormido amante.

Con cuidado se levantó. Buscaría un poco de agua caliente para que JaeJoong y él se dieran un baño. También buscaría comida, e iniciaría los preparativos para salir mañana muy temprano. Con suerte, su ángel no despertaría hasta que él estuviese de regreso.

El día transcurrió agradable. YunHo y JaeJoong disfrutaron de sus cuerpos, sin abusar. YunHo sabía que el viaje aún era largo, y esta había sido la primera experiencia de JaeJoong. Le costaría caminar, pero eso no sería un problema. YunHo había conseguido que alguien los llevara hasta el próximo pueblo en carreta.

Por la mañana, cuando el gallo cantó, los dos viajeros salieron de la posada, envueltos en sus túnicas. El más pequeño cubierto de pies a cabeza, ni siquiera el rostro se le veía, lo único deslumbrante en él era la extraña cruz que portaba en el pecho.

Salieron de la ciudad en una carreta que transportaba paja, en donde JaeJoong pudo dormir un poco más. YunHo vigilaba sus sueños.

En su camino hacia el templo, encontraron a variopinta cantidad de personas. Incluyendo a unos osados ladrones que trataron de separar a JaeJoong de YunHo. Lamentablemente para esos desgraciados, YunHo no dudó en levantar su espada, dando por terminada su lúgubre vida. A JaeJoong no le gustaba cuando YunHo empuñaba su espada, más comprendía la necesidad de ello.

Mientras caminaban por los senderos del bosque, era difícil encontrarse con la comitiva que anunciaba la muerte. Esta estaba casi reservada cuando llegaban a una ciudad, por la aglomeración de gente era más probable topársela allí. Pero, cuando eso sucedía, JaeJoong procuraba que YunHo y él estuvieran lo bastante lejos como para toparse a cualquier alma que ofreciera su luz a YunHo. JaeJoong jamás había deseado tanto evitar la muerte a una persona. YunHo era… YunHo simplemente era… la otra mitad de su alma.

Sin embargo, así como JaeJoong decía que no se podía evitar a la muerte, así el caos los alcanzó.

Se encontraban cerca de su tierra natal. A no más de día y medio, pero JaeJoong no quería seguir avanzando. No deseaba separarse de YunHo. Y, en común acuerdo, retrasaron su llegada.

Grave error.

Fueron alcanzados por los esbirros de aquel noble que deseaba a JaeJoong. YunHo peleó, luchó fuertemente para evitar que se llevaran a su precioso ángel. Pero, eran demasiados. Lo único que pudo hacer, fue ganar tiempo. Si JaeJoong estuviera en un lugar seguro, él podría encargarse de la basura.

Con su espada ensangrentada, tomó la mano de JaeJoong y corrieron. Corrieron lo más aprisa que sus piernas daban. Se adentraron en el bosque, lejos de los pequeños senderos.

Llegaron hasta una casa abandonada en medio del bosque. YunHo aguardó, esperando escuchar el crujir de una rama que anunciaría a sus perseguidores. Nada. Antes de entrar, YunHo recorrió el perímetro, asegurándose de que en verdad estuviera abandonada y no pertenecía ninguna bruja. Sola.

La casa era de una sola planta, de una sola habitación. Su mobiliario en precario estado, solo una mesa y dos sillas, algo que parecía un fogón y cajas. Dentro de las cajas encontraron algunas cerillas, qué no dudarían en encender cuando la luz del sol se extinguiera. Bloquearon las ventanas con ramas que trajeron de fuera.

YunHo besó los labios de JaeJoong antes de partir. JaeJoong lo sostuvo por la solapa, no quería dejarlo ir. Fuera había muchos hombres malos. YunHo era un experto haciendo su trabajo, cazaría uno por uno en la oscuridad de la noche. Hoy, la luna favorecía sus movimientos con su tenue luz.

—YunHo, espera —llamó JaeJoong cuando YunHo se encontraba cerca de la puerta. —Toma esto —JaeJoong retiró de su cuello la cadena donde colgaba la cruz.

—No, JaeJoong. No puedo. Eso es lo que te protege.

—Pero yo quiero que esta noche cuide de ti —dijo, poniéndolo alrededor de su cuello. Le dio un corto beso en los labios. —Vuelve a mí, YunHo.

YunHo tomó su mano y besó sus nudillos. —Atranca la puerta una vez que me vaya. No abras a nadie, mi amor. No abras hasta el amanecer. Si la compaña esta cerca, querrán tenerte con ellos. No abras a nadie. Incluso si me escuchas hablar. No seré yo, mi amor. Será la muerte tratándote de engañar.

JaeJoong asintió. Encendió una vela cuando YunHo se marchó. Aseguró la puerta, y aguardó el regreso de su amado.

***

YunHo miraba a través de las hojas de los matorrales. Veía moverse a sus enemigos. No estaban muy lejos de donde su JaeJoong se encontraba, pero no irían más allá. Blandió su espada una y otra vez. Al principio lo único que los contrarios veían, era el fulgor de la espada a la luz de la luna. Pronto, ni eso fueron capaces de ver. No cuando toda ella estaba cubierta de sangre.

Uno tras otro fueron cayendo. YunHo podía decir que ninguno de ellos era un guardia. No, seguramente el noble había puesto un precio por la captura de su hermoso ángel. Pero, tenía mala suerte. Ninguno de ellos era tan bueno como YunHo. Algunos eran precavidos, pero YunHo era más ágil, más fuerte y sobretodo, más letal, porque tenía algo que proteger.

A lo lejos vio una luz aparecer. La ambarina luz danzaba acercándose hacia él. YunHo veía claramente a un hombre, con el rostro lleno de terror y un cansancio extremo, que, a la luz de la flama que portaba se veía espectral.

—Ten, te toca a ti —le dijo el pálido hombre, ofreciéndole la llama que traía.

YunHo se quedó sin habla. Los ojos del hombre abiertos en desmedida, suplicantes porque otro llevara ese suplicio. Pero, YunHo no sería. Él tenía que volver con su ángel.

—Él ya tiene una luz —a pesar de que YunHo no veía a nadie más que al hombre, la voz que habló no procedía de él. La voz sonaba lejana, no de este mundo. El hombre miró hacia el pecho de YunHo, donde la cruz de JaeJoong brillaba con una luz propia.

El hombre sollozó, pero, siguió su camino, pasando de YunHo. YunHo contenía la respiración. Allí, frente a él, la muerte y su séquito iban pasando. Un olor a cera inundó el bosque, mientras pasaban cerca de él.

YunHo tembló. Terror se había apoderado de cada una de sus extremidades. Ni siquiera había notado que un enemigo estaba lo suficientemente cerca para infringirle daño. Él no lo notó, pero el hombre miserable, portador de la flama, sí. YunHo observó como el hombre ofrecía, tal y como lo hizo con YunHo, la luz. El que fuese su perseguidor, sin saber de su destino, la tomó.

El antiguo portador cayó al suelo, y si YunHo no hubiese sido testigo, no lo habría creído. Vio como una fantasmal imagen se desprendió del cuerpo y se unió a las filas de personas ataviadas con sudarios blancos y cerillas encendidas en sus manos. Hasta ese momento, cuando la luz del hombre brilló con más intensidad, fue que YunHo distinguió a todo el séquito de la muerte. Ahora, que otro era el portador de la flama, el séquito siguió su camino.

YunHo quiso gritar, quiso correr hacia donde su JaeJoong, pero, aunque fuera, él mismo le había dicho a su ángel que no abriera la puerta a nadie. Ni siquiera a él mismo. Confiaba en que JaeJoong lo haría tal cual dijo, por lo que YunHo volvió a enfrascarse en la búsqueda de los enemigos que faltaban.

***

JaeJoong tembló. Podía escuchar el cántico de la compaña. Su tétrico canto que anunciaba la muerte. JaeJoong sujetó su vela firmemente. A pesar de no tener su cruz, él tenía su propia luz.

Los cánticos se detuvieron justo en su puerta. El corazón de JaeJoong latía demasiado rápido. Su respiración se había vuelto errática.

Toc-toc-toc

Tres golpes sonaron en la vieja madera, haciendo un sonido hueco, que se hizo más fuerte con el eco de la soledad de la casa.

JaeJoong se mordió los labios de pánico para no gritar. Podía ver, a través del resquicio de la puerta, una luz anaranjada. Justo como la de la vela en su mano.

Toc-toc-toc

Volvieron a tocar. Pero esta vez hubo algo que causo revuelo en el corazón de JaeJoong.

—Soy yo, cielo, ábreme. —La clara voz de YunHo se coló por la puerta.

YunHo estaba tocando. YunHo estaba esperando para que JaeJoong abriera la puerta.

Por puro instinto, JaeJoong se levantó, pero, cuando estaba a punto de quitar la tranca, recordó.

«No abras a nadie, mi amor. No abras hasta el amanecer. Incluso si me escuchas hablar. No seré yo, mi amor. Será la muerte tratándote de engañar».

JaeJoong se arrodilló al centro de la vacía habitación. La vela encendida en su mano, que temblaba sin control.
—Hace frío, mi amor. Abre —la voz de YunHo volvió a decir.

Lágrimas de terror comenzaron a salir de sus ojos. Colocó la vela en el suelo, asegurándose de quedarse sólidamente fijada al suelo. Llevó sus temblorosas manos a su cabeza, esperando poder acallar la voz de YunHo que lo llamaba desde afuera.

Así hasta que la oscuridad lo reclamó.

***

JaeJoong jamás llegó al templo.

Al amanecer, YunHo corrió, ahora seguro de que ningún enemigo rondaba por los alrededores, fue hasta la cabaña donde su amor lo esperaba. Con los rayos del sol colándose por las rendijas de las ventanas, YunHo llamó a su ángel, aguardando porque este abriera la puerta.

Pasaron varios minutos en los que ningún sonido, aparte de las aves madrugadoras, se escuchaba. YunHo comenzó a preocuparse. Golpeó la puerta insistentemente, pero nadie respondió. Desesperado, lanzó su cuerpo una y otra vez hasta que el atranque cedió y la puerta se abrió.

YunHo encontró a JaeJoong tendido en el suelo. Su túnica negra cubriendo su cuerpo. Sus cabellos dorados desparramados en el polvoriento suelo. YunHo gritó de dolor. A travesó la habitación en dos zancadas y tomó en sus brazos el frágil cuerpo de su ángel.

Abrazó fuertemente su cuerpo y sollozó.

Allí, dentro de sus brazos, YunHo sintió el agradable calor que JaeJoong desprendía. Observando bien, su hermoso ángel respiraba. Lento, pero lo hacía. Entonces YunHo, lloró de felicidad. Su amado JaeJoong solo se había desmayado.

Y si, JaeJoong jamás llegó a su destino.

***

Se dice que por los caminos rondan un par de viajeros. Van de aldea en aldea, de ciudad en ciudad, ¿buscando qué? Solo ellos saben. Incluso puede que solo vayan por el gusto de recorrer el mundo, nadie lo sabe.

 Un hombre alto, de agradables facciones pero feroz mirada. Su espada es conocida por muchos y temida por muchos más. Dicen que alquila sus servicios por un par de monedas. Dicen, que siempre camina sin responder a un señor. Solo responde al llamado de su acompañante.

Cuentan, que detrás de él, un hombre viaja con él. Hablan, acerca de su misterioso aspecto, siempre cubierto; unos cuentan que esconde una belleza brutal, otros una deformidad. Dicen que siempre mira, observa, ningún detalle parece escapar de su atención, más nunca dice nada. Narran que por las noches, se sienta junto a la hoguera, que su voz es como el coro de los ángeles. Dicen, que cuenta historias y leyendas de la antigüedad.

Hablan acerca de estos dos viajeros, unos en contra por no tener un señor, otros a favor por atreverse a ser ellos mismos en un mundo caótico como aquel.

Relatan que los enemigos solo ven brillar la espada, como una preciosa perla, antes de ser sentenciados por ella. Mencionan la extraña cruz que en el pecho porta en otro. Algunos dicen que ellos pueden ver a la muerte, otros que son solo patrañas.

Pero, lo que es seguro, es que ellos dos viajan juntos, tomados de la mano. Y son el amo y señor del otro. Porque también dicen, que ellos son una misma alma.

FIN


*****************************************************************
N/A: Este fanfic está basado en dos canciones "La cruz de Santiago" y "La Santa Compaña" de Mago de Oz. Me pareció adecuado ya que estamos cerca de las festividades de muertos. 

La Güestia es una leyenda acerca de un séquito que visita a los moribundos antes de su muerte, comprendida básicamente por familiares difuntos del enfermo. La Santa Compaña, es una variación de la misma leyenda, donde un vivo lleva una cruz que indica el camino de los muertos, quienes caminan con una vela en la mano. Se dice que si encuentran a un incauto, y este acepta la cruz, será el nuevo portador.

Como saben, este oneshot es un regalo al primer comentario del capítulo final de Fated, pawi Espero que te haya sido de tu agrado.

yunho kim tú fuiste el primer comentario, pero, dado que solo había sido apartado, no valía. Sin embargo, aprecio mucho tus comentarios y que te hayas tomado la molestia de hacerlo, por eso he decidido que a ti también te regalaré un shot. Lo estaré publicando la próxima semana :) 



17 comentarios:

Unknown dijo...

waaaaaaah, ha leer!!

Laura Campos García dijo...

Que fantástico one... Y si va de acuerdo a las festividades de día de muertos, Jae es la luz y Yunho quien protege esa luz porque se aman. Que bonita leyenda, gracias por publicarla. Hasta luego

YunJae Vincit Omnia dijo...

Que linda historia, me gusto mucho, nunca habia escuchado de esa leyenda y me parecio muy interesante hasta me dio miedito ja ja ja ja , gracias de nuevo
besos bye

lizYJ dijo...

Wow~~ no dejas de sorprenderme *0*
me encantó! !! Y es perfecto para la festividad que se acerca
Gracias por compartir :)

pawi dijo...

Waaaaaaaaaa al fin tengo Internet lamento no haber comentado antes. Me preguntas si es de mi agrado, en serio?? ME ENCANTÓ, LO AME. Me encantó ese Yunho todo fiero y protector con un jae que sólo mostraba su belleza a él, tus historias siempre me sorprenden y me atrapan. No sabes lo emocionada que estoy que me hayas dedicado Este shot es la primera vez que alguien lo hace mil gracias. Amo con todo mi corazón al yunjae al igual que tus fics. Muchas gracias por estas historias aquí tienes una fiel seguidora tuya esperaré por más. Besos :)

Unknown dijo...

Dios! ignora el "ha" en mi anterior comentario, ya estaba demasiado zombie, pero tenía que leer!
que increíble historia y muy original, sobre todo acorde con la época del año, me encanta, sobre todo el final, a pesar de todos sus problemas el yunjae no se separó, amé la parte en la que Jae hizo caso a la advertencia de Yunho de no abrirle a nadie, eso lo salvó!
Gracias por compartir otra genial historia! Nos seguimos leyendo

Yuko13 dijo...

Tienes buena mano para escribir, tus historias son tan hermosas que quieres leer más. Vale mucho la pena esperar a que actualices incluso si tardas días en hacerlo. Gracias por compartir lo que escribes, eso dice mucho de ti.... Gracias, y hermosa historia para este día de las animas.

yunhokim dijo...

waw hermosa historia me encanto y al fin terminaron juntos y no los separo la muerte me asuste al principio creía que si se llevaron a jae y no solo fue un susto por que jae si respiraba y se quedo con yunho que bueno que le hizo caso y no abrió la puerta sino se hubiera quedado yunho solo
GRACIAS POR COMPARTIR estaré esperando el siguiente bye

Unknown dijo...

muy bueno bastante interesante como siempre Yunho no quiere entregar las encomiendas y si lo hace se devuelve a buscarlas xq se poseciona de ellas gracias linda compartir en verdad bastante interesante

Unknown dijo...

Ah!me dio miedo!........pero estuvo lindo, ese Yunho como es de posesivo no dejando ni queriendo que nadie mas que el vea la belleza de Jaejoong, porque el es solo suyo y de nadie mas.
El hombre duro e implacable siempre acompañado de su amor un joven bello.
Cuando la muerte se acerco a Yunho, empeze a sudar frio yo tamben, y cuando toca la puerta de Jae, enserio enserio casi me hago pis....lo bueno fue que se quedaron juntos, recorriendo el mundo, viviendo su amor no importando de que manera, pues lo único importante es su propia felicidad....
Me encanto!.....y ahhhhhhhh e siento celosa! yo quería ser el primer coment, pero siempre me ganan.
Igual esperare el sht que regalaras :)

Ángela dijo...

me encantó esta historia con tanta mística. un Yunho protector y guerrero y un Jae poseedor de visiones y muy dulce y delicado.
muy buena realmente.
gracias por explicarnos en el apartado final lo que significaba el nombre del fic.
he aprendido mucho.
un abrazo y gracias por tan fabulosas historias tan bien relatadas.

Unknown dijo...

Me gusto mucho..! :3 me quede con la boca abierta cuando jaejoong se ofreció a el mismo ya que no tenia dinero para pagarle a yunho esa parte me gusto mucho ademas creo que esa clase paga no tiene precio >///<.
me quedare con la duda que pasara con ellos y si jaejoong llego ir al Templo de Beomeosa..
lo importante es que ambos se quedaron Juntos y se quieren mucho <3<3
Gracias... ;)

moran dijo...

Juraba que ya lo habia leído.. ..tal parece y no.. .me alegro asi fue una historia nueva para mi....sin saber en que acababa.. .o quepasaba..
Me gusto mucho.. .y saber que acabaron juntos siendo amos del otro.. .que romántico.. .bueno no es exactamente un paraíso de vida pero se tienen el uno al otro y eso basta.. .es mas que suficiente.. ..
Cuando dijiste que Jaejoong jamas llegó al templo casi lloro....pensé ay no si se murió.. .lo bueno que solo se trataba de que no iria al lugar.. .uff se quedó junto a su amado Yunho ...

Ai_Yuki dijo...

Ahh qué miedo...Me causa una sensación de ansiedad, que tuve durante toda la lectura...

Ai_Yuki dijo...

Me quedé enganchada con la historia y su sorpresivo final.

~Diana Jung~ dijo...

waaaa que interesante y emocionante...
totalmente misterioso *O*
lo ame!!!!!!!!!!!!!!

Hello Meri dijo...

Ay me dio miedito el sequito ese jaja.... La historia estubo buenisima!! Jaejoong y yunho recorriendo el mundo juntos tomados de la mano ahhhh* ❤ bellisimo