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domingo, 8 de septiembre de 2013

EL TOQUE DE UN ASESINO: CAPITULO 5

CAPITULO CINCO

Yunho sacudió la nieve de su manto antes de cerrar la puerta tras él. Como siempre cuando entraba en un edificio, barrió el interior con la mirada. No es que hubiera mucho que ver en la sede. Dado que era Navidad, el lugar estaba desierto en su mayor parte.

Eso se adaptaba muy bien a los deseos de Yunho. Aun teniendo un buen día, no le gustaba tratar con los demás. Así que después de haber tenido que estar con un grupo en una jodida misión, lo último que quería era tener que fingir que era normal o interactuar con alguien.

Si se saliera con la suya, ni siquiera estaría allí. Había planeado retirarse a su pequeño apartamento, pero Heechul insistió en que se presentara en su estúpida cena familiar. Yunho frunció sus labios. «¿En serio?» «¿Quién hacia actualmente ese tipo de cosas en la vida real?» Le sorprendió que Minho y Seungri se unieran a la farsa.

Si Yunho sabía algo sobre la familia, es que no se podía confiar en ellos. Su propio padre había estado tratando de matarlo desde el momento de su nacimiento, ya que veía a su hijo recién nacido como una amenaza. Yunho dejó escapar un suave sonido de disgusto. Eso era jodidamente enfermizo, tratar de matar a tu propio hijo. Si no fuera porque su madre intervino, Yunho habría muerto el mismo día que nació.

En lugar de eso, había sido vendido a Lee Sang. Vivir con el cabrón no había sido exactamente un camino de rosas y tulipanes. Yunho se miró a sí mismo, observó aburrido las líneas de sangre que cubrían la parte delantera de su pantalón negro y su camisa. Eso podría ser un inconveniente. Aunque se había ensuciado en el cumplimiento del deber, de alguna manera no creía que a Eric le agradara que se sentara a la mesa a cenar en su condición actual.

Tal vez Yunho habría tenido un mejor estado de ánimo si su misión hubiera sido un éxito. Pero había tenido un mal día, todo el asunto había estado jodido desde el principio. No sólo se había escapado el Cobra antes de que Yunho llegara, sino que el bastardo había dejado dos muertos detrás. Algo con lo que Yunho realmente no había tenido ganas de tratar.

Más molesto aun, había sido el cambiaformas Cobra que se había quedado atrás. A diferencia de las víctimas felinas, la serpiente había estado muy viva. También había sido jodidamente astuta. Le había costado a Yunho por lo menos cinco minutos eliminar esa amenaza.

—Jodidas serpientes. Las odio —murmuró en voz baja Yunho mientras subía las escaleras que conducían a la morada de los Jaguares.

Al entrar, no encontró a nadie en la casa, pero no dejó que eso lo molestara. Sólo aprovechó la oportunidad para darse una ducha y coger prestada algo de ropa de Minho. Encontró una camiseta blanca que decía ‘reglas de las arañas’. Esas bobadas no eran exactamente su estilo, por lo que recorrió todo el armario.

Estaba justo subiéndose la bragueta de los pantalones vaqueros prestados, cuando un ruido suave lo alertó de que no estaba solo. Sin molestarse con los zapatos o los calcetines, siguió el sonido hasta la cocina.

Una sonrisa apareció en su rostro cuando vio quién era. «¡Jaejoong!» «¡Perfecto!» El pequeño y dulce Jaejoong que todo el mundo había estado tratando de mantener alejado de él.

Yunho había visto por primera vez a Jaejoong el día que Eric lo envió a vivir con el par de cambiaformas pantera. Al parecer Jaejoong recogía algunas de las pocas pertenencias que tenía aún en la morada de la pareja. Se había enterado de que justo antes de que él llegara, mudo y asno, habían sido los mentores del pequeño Jaejoong por casi un año y lo entrenaban como soldado para la coalición.

Yunho se apoyó contra la puerta, mirándolo con deseo. Tuvo que admitir que Jaejoong era un jodido sueño viviente. Delgado y alto, tenía un pelo oscuro que se dejaba caer sobre sus adorables ojos negros, que contrastaban con su piel tan blanca. Movió algo en la cocina, sus dientes mordiendo su regordete labio inferior. Yunho se lamió los labios mientras se preguntaba cómo sería tomar a la Pantera, sujetarlo debajo y follar al malcriado como si le fuera la vida en ello.

Yunho corrió la palma de su mano sobre su endurecida polla y un suave gemido escapó de su boca. Había pasado mucho tiempo desde que había estado con alguien, y la necesidad de dominar a otra persona gritaba que la satisficiera. Jaejoong y su dulce culo encajarían muy bien en esa necesidad.

—¿Te vas a quedar ahí mirándome todo el día, o vas a entrar? —preguntó Jaejoong sin quitar la vista de la cocina.

Yunho se sorprendió de que Jaejoong se hubiera dado cuenta de su presencia. Esa era la primera vez que le sucedía desde que había convertido el sigilo en una forma de arte. Más de una vez, su vida había dependido de esa habilidad, y antes de ese momento, nunca le había fallado.

—¿Dónde están todos? —preguntó Yunho ignorando la anterior pregunta de Jaejoong.

—Seungri se ha marchado, por lo que todos han ido a buscarlo. —Jaejoong se llevó la cuchara a los labios para probar lo que había estado cocinando. Se debió de quedar satisfecho, porque puso una pequeña sonrisa antes de apagar la estufa.

—¿Cuánto tiempo hace que salieron? —preguntó Yunho mientras se movía más cerca para tener una mejor visión del cuerpo de Jaejoong.

La Pantera debía acabar de salir de servicio, ya que llevaba el uniforme negro. Yunho no podía dejar de notar lo bien que Jaejoong lo llenaba. Podía ser delgado, pero estaba lejos de ser escuálido.

—Todos ellos despegaron hace aproximadamente una hora. Me ofrecí voluntario para quedarme y empezar a preparar la cena.

—Qué agradable eres. —Yunho sonrió antes de saltar sobre el mostrador.

Jaejoong levantó una ceja. —No pareces muy preocupado por Seungri.

Yunho se encogió de hombros. —No va a ir muy lejos.

—¿Debido a la tormenta de nieve?

—No, porque no puede soportar estar lejos de Taeyang. Imagino que Seungri sólo se habrá enojado por algo y necesitaría un lugar para refrescarse.

—Bueno, si tú lo dices. —Jaejoong le entregó un cuchillo—. Si te vas a quedar, haz algo útil y corta las verduras para la ensalada.

Yunho se quedó mirando el cuchillo. Nadie jamás le había entregado voluntariamente un arma, tenían demasiado miedo de que el ‘loco psicópata’ lo utilizara contra ellos. Sin embargo, Jaejoong se lo había ofrecido sin ni siquiera un segundo pensamiento.

Maldita sea si eso no hizo que se pusiera más duro aun. Miró hacia arriba desde debajo de sus pestañas, disfrutando de la manera suave y sensual en la que Jaejoong se movía por la cocina. Mierda, el tipo era sexy, y ni siquiera lo estaba intentando.

Yunho picó todas las verduras, siguiendo con la mirada todo el tiempo cada movimiento de Jaejoong. Jooooooder, no era de extrañar el que siempre dijeran que los Panteras eran los mejores para follar. Todo lo que tenía que hacer era ver la forma en la que los labios de Jaejoong se movían cuando probaba alguna cosa, el grado de tensión en su culo cuando se inclinaba y lo habilidosos que parecían sus dedos cuando trabajaba, y a Yunho le creció el hambre, pero no precisamente de alimentos.

Cuando Jaejoong se precipitó en la despensa, Yunho no vaciló ni un segundo. Dejó el cuchillo y lo siguió.

Jaejoong se puso de puntillas para buscar algo en uno de los estantes más altos. Volvió la cabeza y dio a Yunho una sonrisa socarrona. —Hey.

Yunho hizo una pausa, una vez más sorprendido por la reacción del mocoso. La mayoría de la gente se protegía cada vez que se encontraban en un espacio cerrado con él, pero Jaejoong actuaba como si nada. —¿No estás preocupado por estar en una pequeña habitación con el ‘loco Leopardo’?

—No, de hecho, esperaba que me siguieras hasta aquí. —Jaejoong se giró lejos de la estantería y ellos quedaron cara a cara.

No había duda de la gran protuberancia que presionaba contra el pantalón del uniforme de Jaejoong. La Pantera no parecía en absoluto avergonzado por ello, en su lugar dejó salir un gemido mientras pasaba una mano por su polla.

Yunho parpadeó, dándose cuenta de que había perdido por completo el control de la situación. También por primera vez para él. Nunca había habido nadie que se le insinuara tan descaradamente de esa manera. Había oído que a Jaejoong le gustaba jugar, pero no muchos estaban dispuestos a jugar con alguien como él. Por primera vez en mucho tiempo, Yunho sintió que una sonrisa genuina llegaba a sus labios.

—¿Te das cuenta de que te voy a follar? —dijo, preguntándose si esa contundente declaración sorprendería a Jaejoong y actuaría como los otros hacían.

Jaejoong rebotó un poco en las puntas de los pies antes de meter una mano en la parte delantera de los pantalones de Yunho. Sus dedos encontraron inmediatamente la polla del Leopardo. La cerró en su puño, y la apretó antes de decir: —Siempre me he preguntado cómo sería amartillar tu polla.

—Es curioso, no recuerdo que nosotros hayamos hablado antes de ahora —Yunho gruñó, los dedos de Jaejoong eran malditamente talentosos. Como él sospechaba.

—Digamos que he estado observándote de lejos.

—Bueno, si estás tan interesado en mi polla, entonces ¿por qué no le echas un vistazo más de cerca?

Yunho puso su mano en la parte superior de la cabeza de Jaejoong y lo empujó hasta que estuvo de rodillas. Aguantó, casi esperando que Jaejoong se resistiera a esa orden cercana a la pornografía. Jaejoong sólo lo miró con una sonrisa antes de empezar a bajar la bragueta de Yunho. Fue sólo cuestión de segundos antes de que Jaejoong tuviera el pantalón abierto y la polla de Yunho felizmente libre.

—Agradable —elogió Jaejoong antes de entreabrir los labios y tragarse a Yunho.

Yunho ahogó un gemido, decidido a mantener un poco de control en el encuentro. Si Jaejoong quería escuchar ruidos felices, Yunho lo iba a hacer trabajar por ellos.

Aunque fue malditamente difícil. Jaejoong demostró que era igual de talentoso con su boca como con sus dedos. Caliente, húmedo y decadente, Yunho podría haber disfrutado durante todo el día. Entonces Jaejoong lo miró con esos ojos negros, sexys como los siete pecados capitales, y Yunho se dio cuenta que había sido un tonto por pensar que podría tener algún control.

Agarró con su puño un suave y oscuro mechón del cabello de Jaejoong, y gruñó: —¡Maldita sea, eres bueno en esto!

Un destello cruzó la mirada de Jaejoong, como si dijera: ‘Por supuesto que lo soy. ¿Esperabas algo menos?’

Yunho le dio a Jaejoong un saludable tirón en su pelo. —Tú eres extremadamente vanidoso.

Cuando Jaejoong zumbó alrededor de su pene, mostrando lo mucho que le gustaba el dolor añadido, un gemido escapó finalmente de los labios de Yunho. Maldita sea, justo cuando pensaba que las cosas no podrían ponerse más calientes.

Le dio otro tirón, esta vez en una orden silenciosa para que se pusiera de pie. Jaejoong le dio al miembro de Yunho un lametazo de despedida antes de levantarse. Cuando se movió para un beso, Yunho puso una mano en el centro de su pecho y le ordenó: —Baja tus pantalones y date la vuelta.

Jaejoong dejó escapar un suave gemido antes de apresurarse a obedecer. Sólo se detuvo lo suficiente para sacar algo de su bolsillo delantero. Cuando se lo pasó por encima, Yunho miró hacia abajo y vio que era un pequeño tubo de lubricante.

—Lo siento, aunque eres caliente, todavía no estoy dispuesto a dejarte follarme sin lubricante y sin un montón de preparación —anunció Jaejoong con una sonrisa sexy. Se bajó los pantalones y se dio la vuelta, las manos aferradas a uno de los estantes.

Yunho miró estúpidamente el tubo por unos momentos, antes de que la vista del dulce culo de Jaejoong lo sacara.

Si Jaejoong quería estar preparado, Yunho sería feliz de complacerlo. Apretó una cantidad muy generosa del lubricante en los dedos, arrugando la nariz con la consistencia viscosa.

Un cierto lunar en el cuello de Jaejoong llamó la atención de Yunho y no pudo resistirse a dejar un beso en él antes de bajar sus dedos y empezar a estirar el agujero de Jaejoong. Al principio se sentía casi clínico, pero a continuación, Jaejoong empezó a dejar salir más dulces gemidos mientras se mecía contra la mano de Yunho.

—¿Te gusta esto? —preguntó Yunho, encogiéndose un poco por la sorpresa en su voz.

—Sí, me gustaría aún más si curvaras los dedos un poco —jadeó Jaejoong.

Yunho lo hizo y Jaejoong dejó escapar un grito corto, su cabeza contra el pecho de Yunho. Su boca se abrió ligeramente, como invitándolo y Yunho respondió presionando sus labios. Eso hizo que Jaejoong tuviera que estirar ligeramente el cuello, pero no pareció importarle, especialmente cuando Yunho sacó sus dedos y apretó su polla en su lugar.

—Házmelo duro, como realmente deseas —murmuró Jaejoong contra los labios de Yunho.

Ese comentario sonó como un aviso, pero a Yunho no le importó. En su lugar, comenzó a golpear a Jaejoong, tal y como había pedido. Jaejoong dejó escapar un largo gemido cuando su cabeza cayó hacia atrás contra el hombro de Yunho de nuevo.

No pasó mucho tiempo antes de que Yunho pudiera sentir la presión construyéndose en él. Decidido a que se corrieran juntos, llegó a su alrededor y comenzó a bombear el miembro de Jaejoong rápidamente. Solo le llevó unos cuantos empujes antes de que Jaejoong gritara y disparara su esperma caliente sobre la mano de Yunho.

Una emoción primaria pasó por Yunho mientras observaba la mirada de auténtica dicha en el rostro de Jaejoong. Se estrelló contra él por última vez, y permitió que su propio orgasmo lo alcanzara. Gimió cuando su polla palpitó dentro de los muros apretados del culo de Jaejoong.

Debía de haber pasado demasiado tiempo desde su última follada, porque se sentía como si fuera a correrse para siempre. En el momento en que hubo terminado, todo lo que pudo hacer fue dejar que su cabeza cayera sobre el hombro de Jaejoong mientras ambos aspiraban tragando aire.

—¿Fue como pensabas que sería? Ya sabes, follar con un Leopardo —preguntó Yunho una vez que pudo hablar de nuevo.

Jaejoong se encogió de hombros: —Más o menos.

Por lo general, en ese punto de conexión, Yunho empujaría a su pareja a un lado y se alejaría. Sin embargo, se encontró con que quería abrazar a Jaejoong un poco más. El impulso era tan fuerte, que cuando Jaejoong se apartó y comenzó a vestirse otra vez, Yunho se vio en apuros para ocultar un sonido de decepción.

Jaejoong empezó a salir de la despensa, pero se detuvo en la puerta lo suficiente para decir: —Será mejor que regrese a la cocina. Los demás estarán pronto en casa.

Yunho sólo pudo asentir a cambio. Por primera vez en su vida, se encontró que no quería estar solo. Quería agarrar a Jaejoong, llevarlo a casa y no dejarlo ir nunca.

Al instante empujó lejos esos pensamientos. Los Leopardos no tenían pareja. Además, ¿quién en su sano juicio querría estar pegado a un jodido loco como él?

….
……


Encontraron a Seungri en un restaurante de 24 hrs, no muy lejos de la sede.

Seungri finalmente levantó la mirada, y la centró en la de Eric. —Lo siento.

—No tienes nada por lo que disculparte —contestó Eric.

—Es sólo que después de la forma en que nos salvaste a Jiyong, Heechul y a mí, esperaba que pudieras hacer lo mismo con Yunho. Sé que puede parecer aterrador y un poco loco, pero también sé que nos cuida a su manera. Esperaba que tal vez pudiera tener una vida normal como el resto de nosotros —dijo Seungri seriamente.

—Esta es la mejor manera que pude encontrar para tenerlo controlado. Podrá continuar siendo quien es, pero todavía vivirá dentro de la coalición —explicó Eric.

Seungri asintió con la cabeza. —Es mejor que lo que tenía antes, cuando estaba bajo el control de Lee Sang.

—Pero todavía quieres encontrarle su propio final feliz —conjeturó Eric.

—Sí, y ahora sé que nunca sucederá.

Heechul no podía soportarlo más. Al menos tenía que hacer las cosas un poco mejor para Seungri. —Nunca se sabe. Las cosas podrían cambiar. Si Yunho pudo cuidar de ti y de Minho, entonces tal vez algún día sea capaz de cuidar a un compañero.

—Tal vez —susurró Seungri, pero la expresión de su rostro permaneció dudosa.



2 comentarios:

Yuko13 dijo...

lo que Yunho necesita es amor, mucho amor, y eso lo encontrara en Jae....

Unknown dijo...

esos dos owwwwwww los dos necesitan de mucho amor .......... YH y JJ se necesitan n,n